En la República China el Tai chi, como se le dice de manera abreviada (Tai Chi Chuan o Taijiquan, se le dice en el Oriente del mundo), es un deporte popular para la población y es muy fácil tropezarse en plazas y parques a las personas realizando este arte marcial. No obstante, en Occidente aún hoy sigue siendo una práctica exótica y sólo aquellos que se adentran en su mundo conocen a fondo sus beneficios para el cuerpo, la salud mental y el espíritu.
¿En qué consiste?
Ciertamente, el Tai Chi es considerado un arte marcial, porque en sus orígenes se le vio como una práctica defensiva con o sin armas. Pero hoy, tanto en China como en el resto del mundo, es asociado con la búsqueda de paz interior. Por eso, se le llama también el arte marcial interno.
La práctica del Tai Chi, como sucede en las marciales en general, consiste en la realización de movimientos organizados en secuencia o rutinas ya prederminadas, enmarcadas en distintos estilos con nombre propio (Chen, Yang, Wu/Hao, Wu y Sun), creados por los grandes maestros que lo inventaron desde tiempos remotos en la Antigua China.
Lo que lo fundamentalmente distingue al Tai Chi de otras prácticas marciales es la suavidad con al que se lleva a cabo. Se realiza muy despacio y hasta aquellas personas que se consideren menos hábiles al seguir a un grupo (como podría suceder al realizar una rutina de bailoterapia) podrán tener tiempo de seguir los movimientos. Es por esta misma razón que para el Tai Chi no existe un límite de edad. Lo que sí precisa es de disciplina y concentración.
Lo recomendable para quien quiera practicar Tai Chi es encontrar a un experto y aprender dichas rutinas con paciencia y mucha constancia, si realmente se está interesado en descubrir sus bondades para la mente, el espíritu y el cuerpo.