Cuando no hay nadie a nuestro alrededor, nuestra mente se ve invadida, en ocasiones, por escenas eróticas fuera de lo común. Situaciones particulares que automáticamente despiertan nuestro deseo sexual y que erizan cada centímetro de nuestra piel, tal como si estuviera pasando de verdad. Pero luego volvemos a la realidad y quedamos algo confusos, preguntándonos qué tan bueno o sano es tener estas imágenes en nuestra mente. A esto se le llama comúnmente fantasía sexual.
Es muy poco usual compartir las fantasías sexuales con otro persona, incluso si se trata de nuestra pareja. La razón es que tradicionalmente se han asociado a la inmoralidad, la insatisfacción e incluso, la perversión. Sin embargo, cuando compartimos las fantasías, podríamos darle a las relaciones sexuales un carácter divertido que opaque el aburrimiento y la rutina. De todas formas cada quien decide al final si revela sus más íntimos deseos o no.