Cuidar a los niños, consentir a tu esposo, lucir espectacular… Y además tener tiempo para ti, ser exitosa en el trabajo, salir con tus amigos, compartir con la familia… Hacer ejercicios, ir al supermercado, hacer las compras… A ratos pareciera que el día no alcanza, y puedes sentir que descuidas alguna de tus actividades cotidianas. Pero no te presiones, toma una pausa, y sigue nuestras recomendaciones para realmente sentirte bien en todas tus facetas y sobrevivir airosa al difícil -pero no imposible- reto de ser madre, esposa y ante todo: Mujer.
Valórate a ti misma. Es una de las reflexiones más importantes que debes hacer para sentirte bien. Eres tu quien debe reconocer todo lo que haces, y esa lucha diaria porque todo este bien en tu hogar, en tu trabajo, en tus relaciones. Ese es el punto de partida para que quienes te rodean también te valoren: tu esposo, tus hijos, tus amigos.
Aprende a decir que no. A veces es muy difícil establecer prioridades, y más en lo que respecta a la familia. Pero en determinadas ocasiones, es necesario que te sientes a pensar, que hagas una lista de todo lo que debes hacer, definir qué es lo más importante y posponer o reprogramar aquello que luego puedes completar. Esto aliviará tu agenda y podrás desarrollar mejor tus actividades, y disfrutarlas con menos presión. Verás que toda tu atención estará centrada en el momento y bajarán tus niveles de estrés por algo que debías hacer y no pudiste porque no te alcanzó el tiempo.
Recuerda siempre tus orígenes. Tómate un tiempo para acercarte a tu niñez y a tus raíces. Disfruta de tu cultura y cómpratela con tu familia. Prepara los platos tradicionales del lugar donde naciste. Enseña a tus hijos canciones o cuentos de tu infancia, de tus vivencias de niña, de lo que aprendiste de tus padres y abuelos, incentívalos a hacerte preguntas y respóndeles con total honestidad. Además de alimentar tu espíritu, recordar te ayudará a disfrutar de tus actividades cotidianas, conectándote con momentos de felicidad que has vivido.