Dale a cada actividad el tiempo necesario. Recuerda que el trabajo regular generalmente está planificado para que lo desarrolles en 8 horas diarias. Y aunque cada organización puede tener un horario particular, lo ideal es que al salir de allí no tengas que trabajar más hasta el día siguiente. De esta manera respetas las horas que debes dedicar a tus niños, el tiempo para distraerte, para hacer labores del hogar o para compartir con tu pareja. En la medida que hagas que los demás respeten tu horario te estás valorando a ti misma, y además reduces tu niveles de estrés.
Cuídate a ti misma como a los demás. En general, la mujer tiene una condición natural a querer “cuidar del otro”, por lo que la mayoría de sus relaciones se basan en estar pendientes de la pareja, adaptarse a sus gustos, y suelen olvidarse de sí mismas. Cuando se tienen hijos, esta sensación se acrecienta, porque la vida empieza a girar en torno a este nuevo ser, dejando de lado incluso los gustos personales y de la pareja. Aunque los hijos absorban tu energía y atención, debes esforzarte por tener presente tus necesidades. En la medida que logres equilibrar tus roles -madre, esposa, mujer-, te sentirás mucho mejor y más fuerte para enfrentar el día a día.